
Salgo del metro en Omonia como un perro apaleado y enfilo la avenida del Pireo. Las oficinas centrales del banco se encuentran en un edificio moderno de cristal y cemento. El portero me informa de que el despacho del director está en la última planta. Me recibe una secretaria cincuentona, vestida impecablemente pero fría y manifiestamente irritada.
-Llega tarde señor comisario.
-Lo sé, y le pido disculpas, pero la ciudad entera está paralizada por las protestas y las manifestaciones.
-Ah, ¿es que hay manifestaciones? No me había enterado - dice la mujer y me doy cuenta de que acabo de entrar en otro mundo.
Con el agua al cuello
Això és la novel·la negra (amb majúscules).
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